CRÓNICA | MÁS DE 3.300 DÍAS SEPARADA DE UN HIJO Y CONTANDO…

La historia de Antonio José y Carmen Garbi

“La última visita que le hice a mi hijo fue el 8 de marzo de 2020. A raíz de la pandemia, no volví más al centro penitenciario. Decidí no visitarlo, para protegerlo a él y protegerme yo, por el mismo riesgo al contagio. A través de todos estos años, Antonio José ha mantenido en la cabeza una sola pregunta: ¿por qué está allí, si él no hizo nada?”. La voz de Carmen Garbi es trémula y su respiración, entrecortada. Por momentos, entre frase y frase, se ve precisada a suspirar para recobrar el aliento y poder seguir hablando de su hijo, el preso político más antiguo del estado Carabobo.

Ya van 6 años y 6 meses desde que Antonio José Garbi González fue detenido, el 3 de junio de 2015, imputado con homicidio intencional calificado, homicidio intencional en grado de frustración, instigación pública y asociación para delinquir, y acusado junto a Juan Poletti, por el asesinato del capitán de la Guardia Nacional, Ramzor Bracho Bracho, el 12 de marzo de 2014 durante una manifestación en El Trigal, una de las tantas protestas antigubernamentales que se dieron ese año en varios estados del país. De acuerdo al testimonio que han dado sus familiares, ninguno de los acusados se encontraban ni siquiera en el lugar del suceso. “Y nadie hace nada como para entender qué fue lo que pasó y encontrar en todo caso al verdadero culpable”.

 

Un caso paralizado porque sí

El proceso penal de Antonio José se encuentra particularmente estancado. Hasta el presente, no ha tenido juicio oral y público, los fiscales del ministerio público nunca han asistido a las audiencias y no existen pruebas que lo responsabilicen de los delitos de los que se le acusan. No ha habido autoridad a la que Carmen no se haya dirigido para denunciar y tratar de sacar a Antonio José de su reclusión en la cárcel de Tocuyito: El Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, la Asamblea Nacional, y hasta sedes de instancias internacionales como la Organización de Estados Americanos y la Unión Europea. En 2016, llegó al extremo de encadenarse para exigir la libertad de su hijo, frente a la iglesia Don Bosco de Carabobo, pero las únicas audiencias que se han dado fueron las de presentación, la preliminar, donde le dieron la medida cautelar, “y ahí lo dejaron preso, cosa que nunca entendí”.

La última audiencia fue el 13 de noviembre de 2019, cuando la defensa de Garbi introdujo un documento de avocamiento, pero aún no hay respuesta, pese a que el Código Orgánico Procesal Penal venezolano, señala en su artículo 230 que la prisión preventiva no puede exceder de dos años.

A las denuncias por tratos crueles por parte de sus defensores, las alarmas por padecimientos como escabiosis, ictericia, broncoespamo pulmonar, debido a las precarias condiciones de aseo y alimentación, y la angustia de ideas suicidas, se suman los más de 600 días desde que Carmen González de Garbi renunció, por la llegada del COVID-19, incluso a esos instantes de poder ver a Antonio José a los ojos y saber, más allá de lo que un joven trate de esconderle a su madre, cuánto padece y siente. “A veces está muy decaído. No duerme y sufre de insomnio, como consecuencia del motín que hubo en 2018, y en el cual formó parte del grupo de rehenes, junto con otros presos políticos que estaban en ese momento allá y eso lo dejó afectado hasta el día de hoy. Está mal, está incómodo y afectado de salud”.

El día que se lo llevaron, alrededor de las 3:00 pm, Antonio José y Carmen, estaban en cosas normales de una rutina entre madre e hijo. Cuando se estaba preparando para bañarse, ya libre de un yeso y recuperado de una lesión en el pie que le sucedió en su trabajo, más de 35 funcionarios encapuchados y con armas largas irrumpieron en su casa, según relató Carmen a los medios, en su momento. “Yo les dije que no iba a dejar solo a mi hijo. Aceptaron y me fui con ellos hasta el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas -Cicpc- de Las Acacias”. Aunque había transcurrido casi un año y tres meses desde la muerte de Ramzor Bracho, Antonio José nunca recibió una citación previa por parte del Ministerio Público ni se le informó que estaba siendo investigado por algún suceso que lo implicara.

Desde que decidió dejar de visitar a Antonio José, los fines de semana de Carmen se van en organizarse para llevarle las provisiones que puede, con la ayuda de una amiga que cuenta con vehículo propio y que también tiene a un hijo preso en Tocuyito. Para subsistir y llevar sus días de la mejor manera posible, recibe apoyo de sus otros hijos que se encuentran fuera de Venezuela, pero tampoco es fácil y debe complementar su manutención haciendo arreglos de costura, aunque a sus años, la vista esté cansada.

Los tiempos sin fin y sin explicación

La soledad de Carmen no comenzó cuando sus hijos emigraron y a Antonio se lo llevaron sin explicación y sin razón. Su esposo era ganadero y fue secuestrado en Barinas en marzo de 2007, presuntamente por un grupo que se identificó como las Águilas Negras, una facción disidente de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Tras dos meses de negociación y el pago de una parte del rescate, los secuestradores no volvieron a llamar y la familia más nunca supo del paradero de Antonio José Garbi Fernández.

A pesar de que Antonio José creció prácticamente sin la figura de su padre, Carmen lo describió en una entrevista concedida a El Carabobeño en 2018, como “una persona educada dentro de los principios cristianos y de buena moral”. En el momento que fue detenido cursaba el 8vo semestre de Publicidad y Mercadeo en la Universidad José Antonio Páez (UJAP), ya se manejaba en el comercio de productos cárnicos y era voluntario en la fundación Llevamos Alegrías. En los momentos de fortaleza durante su presidio, Carmen cuenta que su hijo le ha escrito cartas con pensamientos de Mahatma Gandhi, y otros mensajes optimistas y esperanzadores para que ella no pierda el ánimo de seguir adelante.

La fe y la constancia de una madre que clama por justicia son los pilares que sostienen a Carmen González. Su insistencia es una sola: que cualquiera de los organismos competentes lean el «expediente armado» de Antonio José, ya que en el desarrollo del texto se evidencia que su hijo es inocente, por todas las violaciones al debido proceso que están registradas allí.

En declaraciones ofrecidas a El Estímulo en 2020, Luis Armando Betancourt, coordinador del Foro Penal en Carabobo, recordó que “este es uno de los estados donde más se violan los derechos humanos. Es un patrón sistemático y generalizado”. Y más adelante explica: “Desde la activación del Plan Zamora, que no es más que la utilización de la justicia militar contra civiles en la entidad federal, en 2017, ha habido una etapa de represión muy dura. Reina la impunidad, el retardo procesal y la privación arbitraria de libertad”.

Cuando ya pasan más de 3300 días sin Antonio José y surge la pregunta de rigor, sobre cómo hace para no rendirse, Carmen deja pasar un suspiro largo antes de responder: “Lo que me mantiene en pie es que siempre voy de la mano de Dios. Todo se lo dejo en sus manos y bueno, la esperanza que jamás se debe perder. Eso es lo que me mantiene de pie y el amor por mis hijos, por todos”.

 

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Derechos al revés 

30/12/2021

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