Boletín #31 – Derechos Humanos en Venezuela, en Terapia Intensiva

EDITORIAL

Mientras las violaciones a las libertades fundamentales de la población y las instituciones esenciales se han debilitados profundamente, las posibilidades de una transición democrática son negadas por parte de quienes ostentan el poder, pese a que la situación se ha tornado insostenible e inviable;  hay un empobrecimiento generalizado de la población, la economía está devastada, el colapso de los servicios públicos y el deterioro del sistema educativo. En medio de tan dramáticas condiciones, muy lógicamente y como parte del control social, son instrumentadas leyes que pretenden limitar garantías individuales y sociales. Al tiempo los activistas y defensores de derechos humanos insistimos en el respeto a la dignidad humana y en  respuesta, las estructuras de poder, aumentan sus ataques y amenazas.

Los organismos internacionales de protección y defensa de derechos humanos continúan evaluando la situación venezolana, por lo que recientemente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que el Estado venezolano se mantiene renuente a aceptar o cumplir las decisiones y recomendaciones de organismos internacionales. La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU insiste en que sean liberados los presos políticos, sin embargo, paradójicamente el número aumenta, las desapariciones forzadas se constituyen en un nuevo patrón de persecución política, al día de hoy se suma que a  los detenidos por motivos políticos se les niega la asistencia de un defensor privado y se les impone defensa pública, lo cual resulta en una flagrante violación al debido proceso.

La zozobra, el desconsuelo y la desesperanza colman el corazón venezolano, ciudadanos condenados a la nada, sin certezas, sin rumbo, con miedo y hambre, tal parece que ciertamente el aniquilamiento del alma ha sido el resultado de una especie de terrorismo de Estado, habrá quien sin pudiera afirmar que Venezuela ya no es un país, solo un territorio lleno de seres aislados que luchan – a por día –por sobrevivir, el Estado los abandonó, el Estado dejó de existir.

A nosotros, sin embargo, no nos está permitido desaparecer, nacimos del dolor de las víctimas y ese no desaparece, al contrario aumenta ante el oprobio de la impunidad, al contrario, se suman cada día nuevas víctimas y por tanto, los objetivos que nos cimientan se reivindican, es por ello que lejos de disminuirnos ante esta crisis sin precedentes, crecemos en voces, en acciones y en determinaciones, hoy somos más y ahí, justo ahí, en las víctimas y activistas que se suman a nuestra causa, está nuestra razón de ser. El compromiso crece, al tiempo que crecen las dificultades, pero hay un motor que nos moviliza, mientras alguien sufra, seguimos.

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