Boletín #33 – La impunidad, un mal que corroe la democracia y el Estado de derecho

Editorial 

La impunidad no es otra cosa que la ausencia de castigo al autor de un crimen y ello, sin duda se constituye en un cáncer que carcome las entrañas de la sociedad; criminales sin castigos son la certeza de nuevos delitos y la multiplicación de víctimas. Es la doble injusticia, pues la mano de quien comete un delito termina siendo apenas la extensión de un sistema que impide la acción penal en contra de quienes contravinieren el orden social.

En tanto, desde la perspectiva de los derechos humanos supone una multiplicidad de violaciones; la ausencia de castigo representa en sí mismo una nueva violación de los derechos humanos pues niega el derecho a las víctimas a la verdad y la justicia; impide la posibilidad de su reparación integral, crea un cultura de resignación ante el delito y ello, finalmente, una estrategia de poder, a través del control social.

De cara a las víctimas es una experiencia altamente re-victimizante, al colocarlas en posición de sufrir nuevos agravios, asociados a su experiencia dentro del proceso penal, más aún teniendo que revivir experiencias traumáticas, tales como interrogatorios y testimonios guiados sin ninguna garantía de que ello no tendrá que revivirse cada vez que el proceso penal sea demorado y echado atrás, peor aún, si estos procesos son dirigidos por funcionarios que no cuentan con la formación y empatía que asegure por sobre todo el respeto a su dignidad. El peor y más duro choque ocurre cuando sus legítimas expectativas de justicia no se ven cristalizadas en la realidad institucional.

En Venezuela, al día de hoy el 97% de los casos de ejecuciones extrajudiciales en el contexto de manifestaciones pacíficas, se encuentra en total impunidad y corresponde enfatizar en que ello no es casual, los procesos penales son manejados cual marionetas con las fuerzas de un poder político que utiliza a su conveniencia el sistema de justicia, sin duda para evadir su responsabilidad directa en estos crímenes. No obstante, las víctimas acompañadas por activistas y defensores de derechos humanos, aún en medio de la desesperanza y el peso de sus dolores, insisten sin desmayar desde la profunda convicción de que la verdad y la justicia llegarán, mientras tanto recordar y honrar a sus víctimas es la forma en la todos podemos acompañarlos ese recorrido. 

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