Crónica | Noviembre sin ti, ya no tiene sentido

Tras perderlo para siempre, le dedicó la canción de una famosa banda mexicana y le agregó una frase de su propia aflicción. Fue un 8 de noviembre, cuando Antonio José Tovar le robó el beso del antes y el después a Elienny Becerra, en la van de la universidad. Ese mismo día ella aceptó ser su novia y un 26 de noviembre, su esposa. Al aniversario de bodas seguía la celebración, todos los 27, del cumpleaños de Antonio. Pero fue también un 21 de noviembre cuando su amor fue violentado en el momento que salieron a ejercer un derecho ciudadano, y la pareja quedó atrapada en el ataque de una caravana de muerte, que atentó contra civiles que acudieron a votar en las elecciones regionales de 2021.

En medio del caos que se desató en la calle 28 del municipio San Francisco, estado Zulia, Elienny corrió para salvarse de los disparos, con el bebé de su ahijada en un coche, y su hijo de cuatro años. Cuando pudo regresar por Antonio, lo encontró tendido en el piso y herido por un impacto de proyectil en la zona intercostal izquierda. Lo vio por última vez cuando lo trasladaron de emergencia a un centro hospitalario. Nada se pudo hacer. La bala lo reventó por dentro. En medio del shock y el horror, Elienny jura que sintió cómo Antonio la abrazó y la ayudó a superar esa primera noche. Desde que su hijo Evan Antonio nació, nunca se habían separado.

Dejar el mundo atrás

Le había tocado enterrar a su madre en junio de 2021, como consecuencia de un paro respiratorio postcovid. Ante la situación, Elienny decidió junto a su familia comprar una parcela doble en el cementerio, sin imaginar que sólo cuatro meses después, la fosa restante sería ocupada por el cuerpo de su esposo, de apenas 33 años. Sobre el asesinato de Antonio y lo sucedido en los alrededores de la unidad educativa Eduardo Emiro Ferrer, afirma con pesar que no hay mucho más qué contar “porque fue muy cruel”. El plantel seleccionado como centro de votación fue asaltado por presuntos civiles armados progobierno que irrumpieron en el lugar a bordo de camionetas y motocicletas, para disparar a mansalva.

Antonio se encontraba verificando la mesa en la que les tocaba votar cuando comenzó el ataque. Por encima del pánico y la conmoción, corrió y trató de llegar hasta Elienny, pero ella buscó refugio en un edificio justo al lado del colegio. Cuando logró conseguir un celular prestado para comunicarse con Antonio, él alcanza a decirle que lo estaban persiguiendo. Desesperada, sale precipitada a buscarlo, y en la esquina del plantel un vecino le avisa que Antonio había sido herido. Al chocar con el impacto de la imagen de su esposo, un sujeto la intercepta pistola en mano. “¡Camine, camine! ¡Corra, corra, corra, si no quiere que la mate!… ¿Y van a seguir? ¿Van a seguir  estos malditos aquí?”. Acto seguido se produce una ráfaga de disparos al aire.

Elienny escapó a la velocidad que le dieron sus piernas. Tras la muerte de Antonio en el Hospital Noriega Trigo, su carrera no paró hasta llegar a Santiago de Chile, pues fue localizada por personas que le indicaron que “por su seguridad” era mejor no levantar denuncias. “La verdad, con esos niveles de dolor y angustia, las ganas de correr te impulsan de tal modo, que no piensas hacia atrás. Yo sentía que ya no tenía nada qué dejar. Al contrario, salí huyendo a buscar unos brazos, que eran los de mis hermanas, para poder estar un poco más tranquila”. Aunque su salida del país fue abrupta y forzada, también se fijó como propósito encontrar vías de lucha y de demanda de justicia para los responsables del asesinato de su esposo.

Pido justicia divina, y terrena también

Por la muerte de Antonio José Tovar Villasmil y el ataque al centro electoral zuliano, fueron detenidos Nerio Luis Labarca Galván, alias “Cuchillo”, quien era funcionario de la Policía Municipal de San Francisco (PoliSur), escolta del ex alcalde de la entidad, Dirwings Arrieta, y a quien le encontraron las armas; y Ramón Elías Muñoz Parra, alias “El Cojo”, quien presuntamente disparó contra la víctima. Desde la distancia, Elienny sigue el proceso en contra de estos dos imputados. Sin embargo, acota que no se ha producido ningún avance en cuanto al procedimiento judicial a seguir.

Ante la violación al debido proceso y la falta de respuesta, el padre de Antonio junto a un equipo de abogados, lograron introducir el caso ante organismos internacionales, una vez que la denuncia fue interpuesta ante los tribunales venezolanos con el testimonio de Elienny, representada por JEPVzla. “Ellos se presentan, se presentan, se presentan, se vuelven a presentar, pero un juicio como tal, no hay. Sólo siguen las presentaciones, siguen saliendo circunstancias, pero no hay un desenlace”. Lo más importante para Elienny es que se identifique y se enjuicie a los responsables de la cadena de mando que emitieron la orden de agredir a los votantes. “Esos que fueron los cabecillas, son los que deben de pagar”. 

Al menos otras ocho personas fueron vinculadas a los sucesos del 21 de noviembre de 2021, entre diputados del PSUV, funcionarios de la Alcaldía y efectivos de cuerpos de seguridad del Estado, y en el que otras dos personas resultaron heridas de bala: la docente Sonia Marlenis Urdaneta Medina, de 56 años de edad, quien sufrió un tiro en el muslo izquierdo; y Harold José Montero Urdaneta, de 19 años de edad, farmacéutico, quien recibió un impacto en la región lumbar línea media y otro en su muslo izquierdo.

Es que lo de nosotros era mágico

La desazón y la frustración invaden a Elienny, al sentir que todos los retardos impuestos a conveniencia hagan que la investigación termine desapareciendo en medio de la impunidad, y el nombre de su esposo se lo lleve el olvido. Así que mientras tenga aliento, hará todo lo que esté a su alcance para que se conozca la magnitud de la injusticia y de la pérdida que enfrenta. “Lo que más siento dentro de mí es el vacío que tengo por él. Después de su muerte, nunca he podido disfrutar de las metas que he logrado”.

Fueron ocho años de noviazgo y cinco de casada. Él, fan de Daddy Yankee y ella, de Romeo Santos. Cada uno aceptó bailar al son del otro, sin pretensiones de imponer gustos, borrar traumas familiares o cambiar caracteres. En noviembres que ahora son de lluvia y frío, de Antonio lo extraña todo, porque es el ser que le trae recuerdos tristes sobre un pasado alegre. Es el compañero, complemento y apoyo incondicional que todavía espera encontrarse en un vagón del metro de Santiago, subiendo al mismo autobús de regreso a casa o entrando por la puerta del que ahora es su apartamento. “Nos llamábamos vida, porque eso éramos el uno para el otro… Su amor me hizo la que soy y yo le entregué todo lo que tenía para darle”.

Antonio era TSU en Metalurgia e Ingeniería en Materiales Industriales, egresado del Tecnológico de Maracaibo y era el sostén de sus padres y hermanas. Al momento de su asesinato trabajaba como operador de máquinas, en la empresa Aluminios Tecnológicos Altechven, y había recibido la confirmación de un ascenso, por su destacado desempeño profesional. “Días antes de su muerte, me agradeció por hacer realidad sus sueños y hacerlo tan feliz”.

Ahora toca vivir el doble

Con su pasaporte vencido, Elienny logró salir el 8 de diciembre de 2021 por la trocha de Venezuela hacia Colombia, con su padre de 64 años y su hijo de cuatro. Desde Colombia tomaron un vuelo Bogotá – La Paz, y en Bolivia esperaron durante tres días por las personas que los pasarían hasta Chile. Fue un trayecto largo en el que resistieron duras pruebas, por los cambios drásticos de clima y las precarias condiciones de desplazamiento que deben enfrentar los migrantes ilegales que se dirigen al sur.

A su destino final, Santiago de Chile, llegó con su padre bajo un cuadro severo de neumonía. Afortunadamente, sus dos hermanas mayores y un cuñado médico la esperaban para recibirla. Sin embargo, tras haber superado la emergencia y después de dos años, el padre de Elienny sufre de depresión como consecuencia del fallecimiento de su esposa, el trauma experimentado a raíz del asesinato de Antonio y su condición de adulto mayor exiliado.

Aunque el mejor empleo que ha conseguido es en una fábrica de tequeños, de lunes a sábado, de 8am a 6pm, Elienny sólo se plantea volver a pisar Venezuela para visitar la tumba de su esposo y para que la familia de Antonio pueda reencontrarse con su hijo. “Quiero que vean que Evan Antonio es el mismo retrato de su padre, que puedan abrazar a su nieto y eso les ayude a calmar un poquito su dolor”. A los seis años de edad, el niño recibe asistencia psicológica en el colegio, para atender el impacto emocional que le genera haber vivido las circunstancias de la muerte de su padre. “Me dice que cada vez que recordaba ese momento le dolía mucho el pecho… Yo le dije que eso era normal, que es un sentimiento, y que poquito a poco, en la medida que se acostumbre a su ausencia física, va a aprender a quererlo y amarlo igual, porque siempre va a estar en su corazón”.

El próximo 24 de enero de 2024, Elienny Beatriz Becerra presentará su tesis vía online para optar a Magíster en Matemática, Mención Docencia, otorgado por la Universidad del Zulia. “Espero poder ejercer y poder darle a Chile lo que mi patria me dio con tanta calidad y de forma totalmente gratuita, un privilegio con el que no se cuenta en cualquier país”. Con los estudios y la profesión que lleva con orgullo, surge en ella la posibilidad de una esperanza, en empezar de nuevo con menos peso y mejor ánimo; en permitirse la comunión entre lo vivido y lo por venir; y en crearse así otros noviembres, más gentiles, más luminosos.

 

"Noviembre sin ti es sentir que la lluvia
Me dice llorando que todo acabo
Noviembre sin ti es pedirle a la luna
Que brille en la noche de mi corazón
Otra vez, otra vez"

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