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Memoria Viva: un clamor por los rostros de la justicia

Caracas, 12 de febrero de 2026.- El 12 de febrero de 2014 marcó un punto de no retorno en la historia contemporánea de Venezuela. Lo que comenzó como una movilización estudiantil en reclamo de seguridad y libertades fundamentales se transformó rápidamente en un movimiento nacional de la sociedad civil, decidido a recuperar el hilo democrático del país. Fue el inicio de una era de resistencia civil sin precedentes, donde la valentía de ciudadanos desarmados se enfrentó a un poder que, lejos de escuchar las demandas sociales, decidió responder con el peso absoluto de su aparato coercitivo.

La respuesta del Estado no fue un hecho aislado, sino la ejecución de un patrón sistemático de represión diseñado para desarticular la disidencia mediante el terror. Bajo una estructura organizada y ejecutada desde las instituciones, la fuerza letal se convirtió en la política habitual frente a la protesta pacífica. Este despliegue de violencia estatal dejó a su paso cientos de asesinados en el contexto de las manifestaciones, truncando las vidas de una generación que solo pedía un futuro digno y dejando una herida abierta en el corazón de la nación que hoy, más que nunca, exige verdad y justicia.

Al cumplirse doce años de este ciclo de protestas que redefinió el destino de Venezuela, Justicia, Encuentro y Perdón ha decidido presentar este tributo sonoro, que emerge inspirado en la obra del artista y compositor NK Profeta (@NKProfetaOficial). Lo consideramos y sentimos como una respuesta necesaria al compromiso con la memoria que nuestra organización ha custodiado desde su fundación: un baluarte inexpugnable contra el olvido que pretende imponerse sobre nuestra historia reciente. A través de la cadencia del ritmo y la fuerza de la palabra, este documento audiovisual rescata la esencia y la valía de más de 330 venezolanos cuyas vidas fueron cegadas por el anhelo de rescatar la democracia y la libertad entre 2014 y 2021. Nombrarlos uno a uno trasciende el simple duelo; es un acto de soberanía ciudadana que devuelve el rostro a la estadística y convierte el silencio impuesto en un clamor de dignidad.

Este recuento documental consagra también las recientes y desgarradoras ausencias registradas desde el contexto postelectoral de julio de 2024 hasta el presente, reconociendo que el patrón de represión no solo se cobró vidas en el asfalto. Este homenaje abraza con igual dolor a quienes exhalaron su último aliento en la penumbra de los centros penales o tras el suplicio de torturas que sus cuerpos no lograron resistir tras ser excarcelados. Al evocar sus nombres, recordamos que cada ausencia representa una herida abierta en la conciencia de un país que se niega a normalizar la barbarie. Enaltecer su memoria es validar el sacrificio de generaciones enteras que se han negado a entregar el alma social de la nación a la sombra de la impunidad.

Este memorial no es un registro estático del pasado, sino un pacto ético con la reserva moral de Venezuela y una exigencia de futuro que interpela a la humanidad entera. La consecución de una justicia plena no es solo una tarea técnica, es una deuda sagrada que no prescribe. Mientras sus nombres resuenen en nuestra voz y su búsqueda permanezca en el centro de nuestra lucha, el vacío de su partida se transformará en el cimiento de la civilidad que volverá. Porque al final, su ausencia nos susurra una verdad que no admite olvido: mientras haya memoria, no habrá tumba capaz de sepultar la esperanza de un pueblo que decidió ser libre.

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