ACTUALIDAD | Impedir la visita in loco en Venezuela es una nueva afrenta a las víctimas

Ante el anuncio de Jorge Arreaza de negar el ingreso de representantes de la CIDH a Venezuela para realizar una visita in loco, las preguntas que se asoman son: ¿Quiénes pierden con esto? ¿Acaso se trata de una medición de fuerzas políticas? ¿Cuándo las víctimas de violaciones a los derechos humanos dejaron de ser los protagonistas en la búsqueda de justicia? ¿Por qué nuevamente con la arbitraridad, el atropello y el uso del «poder» pretenden imponerse?

La CIDH siempre ha solicitado visitar países en los que los derechos humanos se encuentren comprometidos, incluso si se trata de regímenes dictatoriales porque no importa la inclinación política e ideológica del gobierno que esté de turno, lo realmente importante es procurar el ejercicio de derechos parte de la población que clama protección y defensa.

Las visitas in loco suelen tener gran impacto en países sufrientes de masivas violaciones a los derechos humanos, con sus recomendaciones se logran libertades, se salva de torturas, se devuelven reales expectativas de justicia, es decir, sus efectos pueden ser ejecutivos e inmediatos, pero además reivindican la esperanza a las víctimas, se supone además que son una extraordinaria oportunidad para que gobiernos rectifiquen y procuren políticas de protección a los derechos fundamentales de sus ciudadanos.

No en vano 21 países respaldaron en agosto 2019 la resolución para que la CIDH visitara nuestro país y la presidenta del organismo y actual Relatora Especial para Venezuela Esmeralda Troiti ha subrayado que su misión es revisar temas de DDHH, no políticos.

Entonces ¿quiénes pierden con esta nueva afrenta del régimen inconstitucional? PIERDEN las víctimas de violaciones a los derechos humanos. Los más vulnerables, pierden quienes ya han perdido todo – sus hijos, padres, hermanos, amigos – pierden quienes sufren la carcel injusta y padecen torturas, pierden sus familias también encarceladas, pierden quienes están condenados a muerte en nuestros hospitales, pierden sus familias que agonizan, pierden los privados de libertad deshumanizados por un sistema penitenciario perverso, pierden los adultos mayores cuya recompensa a una vida de trabajo es el hambre y la miseria, pierden los niños abandonados por la migración forzada. Pierde el pueblo, denomicación utilizada para hacerse del poder a toda costa y en su nombre, servirse de una Nación para intereses políticos y económicos mezquinos, mientras ese mismo pueblo se extingue de sufrimiento y abandono.