Entre rejas invisibles: La libertad a medias de Javier Tarazona y Carlos Julio Rojas

Caracas; 7 de octubre de 2026.- A principios de 2026, el anhelado abrazo del reencuentro iluminó los hogares de muchas familias venezolanas. Tras una serie de excarcelaciones y el anuncio de una ley de amnistía, las puertas de los centros de detención se abrieron para devolver a decenas de personas a sus hogares. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos se trata de libertades condicionadas que mantienen detenidas las vidas de estas personas. Es el caso de los defensores de derechos humanos Javier Tarazona y Carlos Julio Rojas, para quienes cruzar el umbral hacia la calle no ha significado el fin de su cautiverio.

Para estos dos hombres, que han dedicado sus vidas a la defensa del otro en un entorno ausente de Estado de derecho, la prisión de concreto fue sustituida por un laberinto judicial: son – junto a Omar de Dios García, también del caso FUNDAREDES – los únicos activistas que continúan judicializados con medidas cautelares. Ambos siguen sometidos a un severo régimen de medidas cautelares que mantiene sus procesos penales abiertos y sus vidas en pausa.

Javier Tarazona, profesor, magister en Orientación de la Conducta, especialista en ciencias políticas, doctor en Educación, con posdoctorado en imaginarios sociales y representaciones sociales y posdoctorado en políticas públicas y desarrollo local, además Doctor Honoris Causa de la ODAEE – UNESCO 2010 México, director de la ONG FundaREDES, volvió a ver la luz de la calle el 1 de febrero de 2026. Sobre sus hombros pesaban 1.675 días —más de cuatro años y siete meses— de una arbitraria reclusión en los calabozos de El Helicoide. Había sido despojado de su libertad el 2 de julio de 2021, enfrentando la dura acusación de «terrorismo» por alzar la voz. A pesar del alivio de volver a respirar fuera de una celda, a Javier se le negó en marzo la solicitud de sobreseimiento amparada en la amnistía.

Hoy, Tarazona vive en el vacío de la incertidumbre. El juicio oral en su contra sigue su curso, marcado por el desgaste emocional de los constantes diferimientos. Tiene prohibido salir del país con lo cual se limita su ejercicio profesional y debe presentarse periódicamente ante el juzgado. Sin embargo, en una demostración de empatía y fuerza de espíritu inquebrantables, la respuesta de Javier no ha sido el silencio. En agosto, pensando en el dolor de todos los presos políticos, propuso una nueva ley de amnistía que incluya a todos sin exclusiones, aunado a la creación de un fondo nacional para sanar y reparar a los detenidos y a sus familias que quedaron en la desidia.

Una historia profundamente similar de entereza es la de Carlos Julio Rojas, periodista de vocación y un activista incansable de las comunidades. Su arresto – por segunda ocasión – el 15 de abril de 2024, lo sumergió en una pesadilla de 21 meses en El Helicoide, donde soportó el aislamiento y los oscuros embates de la tortura psicológica. Se le imputaron delitos graves, incluyendo asociación para delinquir y magnicidio en grado de tentativa, en un intento por apagar su voz en las barriadas caraqueñas.

En 2025, recibió el Premio Graciela Fernández Meijide que otorga el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL) por haber asumido un rol más allá de informar, al promover acciones de cambio social y político que ayuden a crear conciencia sobre la crisis económica y social que afecta severamente a los ciudadanos de Venezuela. 

Excarcelado el 14 de enero de 2026, Carlos Julio también camina por las calles con grilletes invisibles. Su causa penal sigue intacta, atado a un régimen de presentación y a la prohibición de traspasar las fronteras de su país. Las medidas cautelares intentan asfixiar su libertad de expresión, pero su compromiso humano sigue latiendo. Desde la Red de Expresos Políticos por la Democracia, Rojas continúa alzando la voz no solo por él, sino por sus compañeros, exigiendo a los organismos internacionales una reparación integral que borre los antecedentes penales y acabe con la asfixiante estigmatización que no les permite siquiera tener una cuenta bancaria.

Más allá de los muros: El derecho a una libertad sin adjetivos

La realidad que hoy transitan Javier Tarazona y Carlos Julio Rojas es el reflejo más crudo de lo que significa defender la vida, la verdad y la dignidad en un país donde la justicia se utiliza como herramienta de castigo. Las excarcelaciones, aunque representan un alivio humano innegable no pueden confundirse con la verdadera justicia.

Para un docente que no puede enseñar libremente y para un periodista y líder vecinal que vive bajo amenaza de volver a una celda, la vida bajo medidas cautelares es una condena silenciosa. Estas restricciones cercenan el derecho a la denuncia, al trabajo comunitario y al libre ejercicio del pensamiento.

La entereza y la valentía de Javier y Carlos Julio conmueven en la medida en la que se profundiza en sus historias, pues aún estando heridos por el sistema, continúan exigiendo derechos para todos. Su lucha diaria nos recuerda que, en el terreno de los derechos humanos, la libertad no acepta condiciones ni libertades a medias. Hasta que no liberen a todos los presos políticos, hasta que no ocurra el cierre definitivo de todos estos procesos judiciales, la reparación de los daños y el cese absoluto de la persecución judicial, el anhelado reencuentro con la vida plena seguirá postergado, esperando el día en que su libertad no tenga más condiciones que su propia dignidad.

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