Presos políticos de la «Operación No a la Navidad» en riesgo por denegación de atención médica
Caracas, 21 de agosto de 2026.- Cinco operadores de justicia que hasta noviembre de 2024 ejercían sus magistraturas y fiscalías en el estado Zulia —Pedro Velasco Prieto, Maurelys Vílchez Prieto, Maryori Plaza Hernández, Francisco Javier Urdaneta y José Gregorio Rondón Muñoz— hoy no solo sufren la privación arbitraria de su libertad y el quiebre de su debido proceso, sino que se encuentran sometidos a un régimen de aniquilación física progresiva.
La denegación deliberada de atención médica especializada, la privación de insumos básicos de higiene y la reclusión en condiciones inhumanas han transformado la prisión preventiva en una pena cruel y degradante que amenaza con convertirse en una condena a muerte. El Estado venezolano no solo ha privado a estas personas de sus garantías constitucionales; las ha despojado de su dignidad biológica básica, forzándolas a convivir con el dolor crónico, las infecciones abiertas y la falla orgánica.
El traslado intempestivo desde los centros de contrainteligencia militar (DGCIM Boleíta) hacia penales de máxima seguridad y centros de reclusión femenina ha estado signado por el aislamiento prolongado, el hacinamiento insalubre, la ingesta de agua desnaturalizada, la falta de luz solar y la restricción absoluta de dietas médicas especializadas.
El sistema de justicia venezolano, a través del Tribunal Primero de Juicio con Competencia en Terrorismo, utiliza las condiciones ambientales y la denegación de asistencia sanitaria como un mecanismo represivo de coerción. La falta sistemática de evaluaciones médicas independientes y la negativa a trasladar a los procesados a centros hospitalarios han convertido las instalaciones penitenciarias en espacios de degradación física acelerada con alto riesgo de fatalidad.
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Situación de Extrema Gravidez en las Mujeres Reclusas: Infecciones Agudas y Riesgo Vital Renal
La situación de las juristas Maurelys Vílchez Prieto y Maryori Plaza Hernández representa un episodio de crueldad institucional de extrema gravedad, donde la vulnerabilidad biológica de la mujer ha sido agravada por entornos penitenciarios caracterizados por el hacinamiento, la insalubridad y la ausencia absoluta de empatía médica.
Maurelys Vílchez Prieto paciente renal en riesgo
Recluida en el Centro de Formación Penitenciario Femenino La Crisálida (Estado Miranda) tras meses de aislamiento en las celdas subterráneas de la DGCIM en Boleíta, Maurelys Vílchez padece una agonía diaria provocada por su condición de paciente monorrena. Poseer un único riñón funcional exige condiciones severas de hidratación, dieta balanceada y control nefrológico especializado. En reclusión, el suministro de agua contaminada, la ingesta de alimentos incompatibles y la falta de tratamiento han desencadenado un edema generalizado que hincha grotescamente su cuerpo, acompañado de crisis hipertensivas descontroladas e infecciones urinarias sistemáticas que amenazan con mutar en sepsis.
El 20 de agosto de 2026, Vílchez sufrió un colapso médico de extrema gravedad en su celda. Sin acceso a un nefrólogo ni a una unidad de cuidados intensivos, su único riñón está fallando aceleradamente. Mantener a una mujer monorrena en estas condiciones de insalubridad es una forma de tortura que conducirá, de forma inevitable y en cuestión de días u horas, a un fallo multiorgánico irreparable si no es trasladada de inmediato a una clínica especializada.
Maryori Plaza Hernández padece infección purulenta y dolor abdominal
En el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), Maryori Plaza Hernández atraviesa un calvario de dolor físico insoportable. Plaza sufre una patología mamaria severa caracterizada por quistes múltiples que se han infectado profundamente, derivando en abscesos abiertos que supuran material purulento. En la insalubridad de su celda, sin gasas esterilizadas, sin curaciones diarias y sin el suministro constante de antibióticos de amplio espectro, las heridas Plaza representan un foco de infección activa y un sufrimiento físico continúo que desgarra su salud mental.
A esta dramática condición se suma una litiasis vesicular severa y la presencia de un pólipo en el cuello de la vesícula. Cada episodio de cólico biliar la sumerge en crisis de dolor abdominal incapacitante, náuseas e inmovilidad, manteniendo sobre su vida la amenaza permanente de una colecistitis aguda o una peritonitis. Exigir que una profesional del derecho soporte la purulencia de sus heridas y el cólico vesicular sobre el cemento de un penal sin asistencia quirúrgica es una negación absoluta de la condición humana.
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Degradación en el Centro Penitenciario Rodeo 1
Para los hombres detenidos en esta causa, el traslado al recinto de máxima seguridad Rodeo 1 ha significado el confinamiento en un entorno de aislamiento estricto que destruye el cuerpo y la mente con calculada lentitud.
Pedro Velasco Prieto: La Descompensación Digestiva de un Paciente Bariátrico

El expresidente del Circuito Judicial Penal del Zulia, arrestado y sacado esposado de su despacho, padece las consecuencias de una intervención quirúrgica bariátrica previa que requiere un régimen alimentario fraccionado, blando y suplementado. En Rodeo 1, la imposibilidad de elegir alimentos o acceder a una dieta adecuada ha provocado que su sistema digestivo colapse.
Velasco padece de un reflujo gastroesofágico severo y una dispepsia funcional obstructiva que le producen sofocación, ardor estomacal constante y la imposibilidad de retener nutrientes. Esta situación se traduce en un desgaste físico acelerado, pérdida alarmante de peso y un cuadro de desnutrición metabólica que debilita progresivamente su organismo, mientras su familia continúa privada del contacto directo y de la posibilidad de proveerle la asistencia nutricional que requiere para sobrevivir.
José Gregorio Rondón Muñoz padece Destrucción Articular

El exfiscal superior del Zulia se encuentra atrapado en una prisión donde su propio cuerpo se ha convertido en una cárcel de dolor. Diagnosticado con sinovitis bilateral, condromalacia femorotibial y meniscopatía severa en ambas rodillas, Rondón Muñoz sufre la destrucción progresiva de sus articulaciones.
Las condiciones de humedad, el confinamiento en espacios reducidos y la total falta de tratamiento antiinflamatorio y de rehabilitación física han paralizado gradualmente su capacidad de ponerse en pie o caminar. Cada movimiento representa un suplicio doloroso, condenándolo a una invalidez motora prematura e irreversible bajo el abandono de las autoridades penitenciarias.
Francisco Javier Urdaneta, el Desgaste Sistemático bajo el Aislamiento
El exfiscal quinto, encarcelado bajo el mismo expediente represivo, padece el deterioro integral provocado por la falta de luz solar, la privación de agua potable y el impacto psicológico devastador de la incomunicación prolongada. La denegación sistemática de revisiones médicas independientes impide documentar la escala exacta de la degradación de su salud, dejándolo expuesto a descompensaciones sobrevenidas en un entorno penitenciario hostil.
Los casos que integran la causa «No a la Navidad» han sobrepasado la esfera procesal para convertirse en una crisis humanitaria de la mayor urgencia. Ninguna acusación del Estado ni ningún proceso judicial de excepción justifican la metamorfosis del encierro en un trato cruel, inhumano y degradante que amenaza la vida humana de forma inmediata.
La comunidad internacional, los cancilleres y los organismos de derechos humanos deben comprender que la exigencia de una medida sustitutiva de libertad por razones humanitarias es un mecanismo de emergencia para evitar la pérdida inminente de vidas humanas bajo custodia estatal.
Si Maurelys Vílchez Prieto y Maryori Plaza Hernández no reciben atención médica hospitalaria especializada, intervenciones quirúrgicas e insumos farmacológicos inmediatos fuera de los centros penitenciarios, sus nombres se sumarán inevitablemente a la lista de personas que han perecido bajo la tutela del Estado por la omisión deliberada de auxilio médico. La vida, la integridad biológica y la dignidad de estos cinco profesionales venezolanos dependen hoy de una presión diplomática firme e inmediata.



