Crónica | La Maldad Manifiesta

Ni Luz Arias ni su esposo Daniel Zambrano, tenían suficiente malicia desarrollada por dentro como para prever y frenar la barbarie que arrastraría a sus hijos, Daniel Josué (28) y Juan Nahir (23), desde pasar malnutrición y maltratos mientras prestaron servicio en la Guardia Nacional Bolivariana, hasta ser seleccionados por funcionarios que vieron en ellos los inocentes perfectos para cargar con culpas de delitos fabricados que les aseguraran ascensos en la cadena de mando. Ni siquiera el hecho de que el menor de los hermanos Zambrano Arias padezca de autismo leve y mentalmente tenga la madurez de un niño de 12 años le puso algo de contención y piedad a la situación de estos jóvenes, detenidos arbitrariamente entre abril y mayo de 2022, torturados y recluidos un mes después, en el centro penitenciario Yare II, sin abogados defensores, sin audiencias preliminares y sin sentencia.

Por órdenes de arriba

A las 2:40 pm. del jueves 28 de mayo de 2022, la calma desapareció de las calles de Palmira, estado Táchira, cuando cinco funcionarios encapuchados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) tumbaron la reja de la casa de Luz Marina Arias Sánchez, para apuntarle en la cabeza con armas largas, a ella y a su hijo Daniel Josué, y llevarse al joven “por órdenes de arriba”. Abrazó a su hijo y se aferró a él para evitarlo, mientras lloraba y gritaba por qué, por qué, por qué. Finalmente le respondieron: “¡Porque ustedes están hablando paja del gobierno!”.

Uno de los agentes le advirtió por última vez a Daniel: “Hermano, usted sabe cómo es la vaina. Dígale a su mamá que lo suelte y si no, pues los eliminamos aquí mismo. Nadie va a ver nada, ni se va a saber nada. Si usted no se entrega, los sacaríamos a los dos, porque esa es la orden, entonces”. En lo que el joven convenció a Luz de que lo dejara ir, lo encapucharon y se lo llevaron en un vehículo blanco estacionado frente a la casa.

Cuando Daniel Zambrano padre regresó a su casa y se encontró con el suceso, salió con su esposa desesperado a tratar de averiguar el paradero de Daniel Josué. El matrimonio pasó por las dos sedes de la Dgcim en San Cristóbal y en la segunda, Luz Marina identificó por la voz a uno de los captores. Aunque la respuesta que recibían era no saber nada de nadie con el nombre de su hijo, ella presionó con gritos y desespero hasta que admitieron que el joven sería trasladado a Caracas y que tenía prohibido cualquier tipo de comunicación. Los padres se dirigieron entonces a la Fiscalía 20 para denunciar la detención arbitraria de Daniel Josué y el temor de que estuviera siendo torturado y, en consecuencia, su vida corriera peligro. Aunque dos fiscales del Ministerio Público se trasladaron hasta la sede de la DGCIM en la calle 19, la información que recibió la pareja por parte de los funcionarios, fue que su hijo se encontraba en buenas condiciones, que no estaba siendo sometido a ningún tipo de maltrato y que sería enviado a tribunales. Sin embargo, la prohibición de ver a Daniel Josué se mantuvo.

La insistencia en lograr una fe de vida, los llevó entonces hasta la sede de los tribunales, donde el tortuoso recorrido terminó de forma violenta, cuando trataron de acercarse hasta la unidad donde el joven era trasladado. “A mi esposo lo tumbaron y a los dos nos golpearon, frente a gente de los tribunales, de la policía, de los militares. Nos agredieron y nadie hizo nada. Daniel padre tiene 68 años y yo soy una señora de 50”. Daniel Josué fue enviado en una avioneta rumbo a Caracas, fue entregado en la sede de la Dgcim en Boleíta y a partir de allí sus padres quedaron en un limbo sobre su destino definitivo.

 

Secuencia de fatalidades

Después de diez años de servicio, asignado en Caracas, el sargento mayor de tercera (SM3) de la GNB, Daniel Josué Zambrano Arias, se encontraba de permiso al momento de su captura, en espera de la confirmación de su baja. Tras haber intentado varias veces su transferencia al estado Táchira, por el gasto de transporte que le implicaba el traslado, y que en muchas oportunidades tuvo que costear de su bolsillo, optó por pedir el retiro en marzo de 2022 y plantearse así otras alternativas de ingreso, con la idea de un emprendimiento en su pueblo natal.

El asalto a la casa de los Zambrano Arias en busca de su hijo mayor obedecía a un incidente previo, tan grave como absurdo: la captación y posterior aislamiento en Caracas, de Juan Nahir, el hijo menor, el 26 de abril de 2022, por parte de efectivos de las Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Un mes antes de la detención arbitraria de Daniel Josué, Luz Marina discutía con Juan Nahir, por el hecho de haber llegado a su casa custodiado por dos efectivos de la Dgcim, para ser “reincorporado” en las filas de la GNB.  

En medio de un cuadro de autismo leve y una madurez equivalente a la de un niño de 12 años, el joven se empeñó en seguir los pasos de su hermano mayor, a pesar de las advertencias y la negativa de su familia. Tras cuatro repeticiones de año para poder graduarse de bachiller, entró en contacto con efectivos de la zona, quienes le vendieron la idea de poder alistarse sin mayor problema, “porque igual andan buscando gente”. Fue así como en marzo de 2020, y ya con el decreto de la pandemia a nivel nacional, Juan Nahir Zambrano Arias ingresó a la GNB, con 20 años y la aprobación de un examen físico. Tal y como aclara su madre, el joven nunca pasó por ningún tipo de evaluación psicológica.

Impotente y contrariada, Luz Marina quedó incluso sin ganas de visitar a Juan Nahir, pues ya contaba con el historial de Daniel Josué, su hastío con la dinámica del componente castrense y sus planes de solicitar la baja. Sin embargo, Juan comenzó a quejarse con sus padres del hambre que pasaba en sus días como recluta y aunque de por sí se encontraba aislado bajo el argumento de la COVID-19, Daniel padre le llevaba los alimentos que podía. Por su parte, Luz comenzó a hacer presión con los superiores de su hijo, para que le permitieran ser visitado. Aparte de las negativas, la máxima información que recibió fue que el joven se encontraba cumpliendo funciones en Enfermería, y que esa era una ubicación normal para todos los cabos al inicio de su entrenamiento. Ella continuó insistiendo en que le entregaran a su hijo, argumentando el hecho de que una persona de su condición nunca iba a ser apta para formar parte de un cuerpo de seguridad del Estado. La ansiedad la llevó a poner una denuncia ante el CICPC, pero tampoco fue escuchada. “Expuse la situación allá y no me hicieron caso. Dijeron que Juan Nahir ya era mayor de edad, que él no estaba allí obligado, y que ellos tampoco podían meterse con un componente militar”.

Después de nueve meses de aislamiento, el joven regresó a su casa, en noviembre, desnutrido y desorientado, con un papel que decía que ya era Guardia Nacional. Sus padres lo llevaron a un CDI para examinarlo y al dar positivo de COVID-19, lograron extender su reposo durante dos meses. Estando todavía convaleciente, tres funcionarios fueron a buscarlo en enero de 2021 para llevárselo a Caracas, donde había sido asignado. Ante la inquietud y el desconcierto, la advertencia fue que, si Juan Nahir no atendía el llamado emitido, corría el riesgo de ser fichado como desertor. Su hermano Daniel Josué intervino para hacer entender a Luz Marina que la opción más sensata que quedaba era colaborar y obedecer las órdenes.

Días de angustia y bullying

Después que a Juan Nahir se lo llevaron en un autobús rojo del Comando Regional CORE 21, rumbo a Caracas, quedó destacado en la zona conocida como El Volcán, en El Hatillo. Allí estuvo tres meses encerrado, como castigo por el prolongado reposo que le tramitaron sus padres cuando le diagnosticaron con el virus. Durante ese lapso lo único que pudo hacer fue desahogarse con Luz Marina y contarle cómo le robaban sus pertenencias y era objeto de burlas y escarnio. “Yo le decía que se pusiera a pintar y a limpiar. No le preste atención a nadie, ellos son así. No preste atención y aguante lo que pueda porque ¿qué más vamos a hacer?”.

Las pocas veces que pudo estar de permiso, el joven le transmitió a su madre cómo su mundo siguió quebrándose cuando vio que no era seleccionado para algún tipo de comisión, ni le permitían usar armamento, factores que generaron más razones para que sus compañeros lo denigraran. Finalmente, después de un complejo periplo para llegar por sus propios medios hasta el Táchira, por falta de transporte oficial, Juan Nahir pudo regresar a casa en septiembre de 2021 y en una lista emitida por el Ministerio de la Defensa en el mes de diciembre, el nombre del joven se incluyó en el grupo de los expulsados. Ya no tendrían por qué requerirlo más.

Desafortunada ingenuidad

Aunque Luz Marina logró convencer a Juan Nahir para que en febrero de 2022 se inscribiera en Informática, con el programa que abrió la Misión Sucre, la tranquilidad le duraría poco. El joven no tenía mayor disposición para estudiar, ni gusto por la carrera, así que comenzó a comunicarse por redes sociales con funcionarios de la FANB con la aspiración de regresar a las filas de la GNB. Uno de ellos captó la candidez del joven y enseguida le vendió la idea de que su reincorporación se podía arreglar fácilmente.

Juan Nahir compartió “la buena noticia” con su hermano, y Daniel Josué, ya con sus diez años de experiencia, trató de explicarle que esos trámites no funcionaban así y que sólo una orden del propio ministro de Defensa podría revertir una expulsión. Sin embargo, la oscura manipulación del agente castrense ya había hecho efecto en su próxima víctima y convenció al joven de que le pasara una carta con su solicitud, vía Whatsapp. “Yo conozco al ministro de Defensa”, le aseguró.

El 26 de abril de 2022, Juan Nahir Zambrano Arias fue citado a las 9:00 am. para presentarse en la sede del CORE 21 y así iniciar su proceso de reincorporación a la Guardia Nacional Bolivariana. A la 1:00 pm. estaría regresando a su casa, custodiado por dos efectivos de la DGCIM, con la orden de

salir de una vez con ellos para Caracas. Luz Marina sintió que el miedo le invadía de nuevo todo el cuerpo. Ella y su hijo Daniel Josué trataron de intervenir y de cuestionar el traslado, pues nada sonaba ni parecía lógico, y en medio del insólito escenario, lo que esperaban en todo caso era que Juan Nahir quedara asignado en el estado donde residía. Los agentes argumentaron que el joven sólo estaría dos días en Caracas para asuntos de papeleo y trámites, “porque esa era la orden” y luego sería regresado al Táchira “a más tardar en tres días”. Juan Nahir estaba convencido de que eso era lo que tenía que hacer. Luz Marina discutió hasta último momento, no le acomodó nada de ropa y lo bendijo, con desconfianza.

Una vez en Caracas, Juan Nahir quedó confinado en el cuarto del sótano de una casa en El Hatillo, sobre la que alcanzó a comentarle a su madre que no era ningún comando, sino un lugar que “tenía un sótano al que llevaban pura gente encapuchada”. El joven también le comentó que sólo podía salir para comer y estar pendiente de un perro de raza, pero en ningún momento podía pisar calle. La poca información que obtuvieron sobre Juan Nahir sólo representó más engaños y tensión. Bajo el pretexto de hacerle un examen psicológico, era sometido a interrogatorios que se centraban en que respondiera si era leal a Nicolás Maduro y pasara todo tipo de datos sobre sus padres, su hermano, familiares en Venezuela y familiares en el exterior. A Luz Marina y Daniel padre llegaron a pedirles incluso fotos de su vivienda, alegando que todo eso se requería para la reincorporación de Juan Nahir a la GNB. Ellos se negaron.

Al ver que no podía comunicarse más con él porque le habían quitado el celular, Luz Marina contactó a los funcionarios con los que Juan Nahir había mantenido comunicación por Whatsapp. Cuando los llamó y les escribió para pedir información sobre el estado de su hijo, la bloquearon. Como último recurso, le pidió a Daniel Josué que tratara de averiguar qué pasaba con su hermano. Aunque se mostró renuente a ese tipo de indagación porque sabía que no era nada conveniente ni bien visto, el joven cedió ante las súplicas de su madre y al día siguiente fue cuando se produjo su violenta detención.

El averno

Desde finales de abril, Luz Marina y Daniel perdieron a su hijo Juan Nahir. Desde finales de mayo perdieron a su hijo Daniel Josué. Durante tres semanas perdieron toda comunicación con ellos. Finalmente, el 15 de junio de 2022, recibieron la llamada de un funcionario que les avisó que ambos hermanos se encontraban en el centro de reclusión Yare II, en el estado Miranda.

Cuando llegaron hasta ellos, los encontraron desnutridos y deprimidos. Aunque su madre acota que estaba un poco fuera de sí, Juan Nahir alcanzó a describirle los abusos a los que fue sometido: “le metieron corriente con agua y lo asfixiaron, en ese mismo sótano de la casa de El Hatillo donde lo tenían. Le dieron golpes y le introdujeron no sé qué aparatos por vía anal… Abusaron sexualmente de mi hijo… Le rompieron una pierna y lo marcaron como un animal con una cabilla”. Quebrada por la angustia y el dolor, Luz Marina explica que las torturas aplicadas a su hijo, fueron con el propósito de obligarlo a hacer un video con traje de militar, admitiendo una conspiración junto a otro efectivo castrense, financiada por el Reino Unido, contra Nicolás Maduro.

A Juan Nahir Arias Zambrano, lo amenazaron y le dijeron que, si no hacía el video, matarían a toda su familia. Le mostraron fotos de su padre asistiendo a la iglesia; de su madre saliendo a hacer mercado; y de su hermano Daniel Josué, saliendo de la universidad en la que estaba estudiando Electrónica. Como el joven no pudo evitar irse en llanto durante la grabación, el material no sirvió para los propósitos de sus perpetradores. En consecuencia, Luz Marina afirma, que a partir de allí decidieron entregar a los dos hermanos, en calidad de conspiradores y por develar información de la FANB hacia Colombia, al ser oriundos de un estado fronterizo. El expediente del caso Zambrano Arias, no ha estado disponible para nadie hasta el presente.

Luz Marina denuncia que sus dos hijos continúan sometidos a interrogatorios que los han llevado a la psicosis, para forzarlos a declarar uno en contra del otro. “Especialmente buscan incriminar a Daniel Josué”. Hasta los momentos no ha sido posible que alguna ONG o algún defensor privado pueda tomar el caso. “Los han llevado cinco veces al Palacio de Justicia en Caracas, pero no los suben del sótano y entonces la juez lo que dice es que ellos no han sido traslados, así que la audiencia se difiere una y otra vez”.

El matrimonio, que vive en permanente zozobra y temor por sus propias vidas, presentó ante los tribunales un informe sobre el diagnóstico psicológico de Juan Nahir, pero tampoco han logrado que un terapeuta asignado por el Ministerio Público, evalúe al joven y confirme la vulnerabilidad de su condición.

La familia que una vez fue

Los hermanos Zambrano Arias crecieron en medio de las tradiciones católicas y los parques de Palmira. Atrás quedaron las celebraciones navideñas que incluían el cumpleaños de Juan Nahir, nacido justo un 24 de diciembre, así como la vida sana en un pueblo de clima frío y pequeño donde todo queda cerca y sus habitantes llevan una vida modesta y en comunidad, tejiendo canastos y trabajando con arcilla.

Para sobrellevar las exigencias de dos hijos presos, Daniel padre se mudó a la casa de unos parientes en el estado Miranda, con el objetivo de estar cerca de la cárcel y llevarles comida y medicinas cada 15 días. Las visitas son aleatorias y el tiempo para compartir, de apenas minutos. En diciembre de 2023 lloró porque no le permitieron ver a Daniel Josué y a Juan Nahir. Actualmente sufre de hipertensión, depresión y desnutrición. Sólo cuenta con su pensión de adulto mayor y la ayuda económica que se reúne entre varios miembros de la familia.

Luz Marina se quedó sola en Palmira, con su sueldo de 500Bs como maestra de primaria. Para subsistir, vende yogures, tortas, maquillaje, ropa y artículos de tocador. Sufre de ansiedad, trastorno del sueño, dolores articulares y a veces llora sin explicación. Desde octubre de 2022 no ha podido viajar para ver a sus hijos.

“A los padres que tienen esta situación tan grave que nos pasó, pues yo les diría que los hijos son el tesoro más grande que nos da Dios y que no se pueden descuidar mientras tengamos vida. A Juan Nahir, sobre todo, lo descuidamos un poco, no le prestamos la atención adecuada y mire, cayó en manos de esa inteligencia en la que cualquiera puede caer, y más si son seres tan vulnerables como él. Nosotros somos responsables de la vida de nuestros hijos y debemos estar ahí, siempre pendientes de ellos”.

 

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15/1/2024

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