SOBREVIVIR A LA INJUSTICIA

 

Sorbay Padilla de García nunca imaginó que 40 efectivos de la DGCIM la iban a atacar dentro de su propia casa, el 2 de febrero de 2018, para llevársela detenida y encapuchada junto al resto de la familia que la acompañaba en ese momento: su hijo, sus sobrinas y su nuera. Ni en sus peores pesadillas tampoco vislumbró que el arresto ilegal al que se vieron sometidos tendría como objetivo dejarlos en una locación clandestina en la que fueron torturados durante cuatro días. Cuando logró zafarse de tales horrores dejó todo atrás y corrió en búsqueda de un destino donde pudiera sentirse a salvo con sus hijos.

 

Por encima de los tormentos aplicados, los captores de Sorbay no dieron con lo que buscaban: la ubicación de su esposo, el coronel retirado Oswaldo García Palomo, señalado por estar supuestamente involucrado en tres tipos de conspiraciones diferentes contra el gobierno nacional; detenido finalmente de manera arbitraria casi un año después, el 27 de enero de 2019; sometido a desaparición forzada, fuertes torturas y condenado el 20 de septiembre de 2023 a 30 años de prisión por su presunta participación en la denominada Operación Constitución. Su sentencia fue dictada por el Tribunal Segundo con competencia en terrorismo del Área Metropolitana de Caracas bajo los cargos de traición a la patria, conspiración, terrorismo, posesión ilícita de armas de guerra y asociación para delinquir.

 

 

Empezar de cero a pesar de los daños

Seis años después, Sorbay resiente los efectos de lo sucedido. “Fue terrible. Fueron a buscar a mi hija para que dijéramos dónde estaba él (su esposo). Gracias a Dios mi hija se había escapado, pero torturaron a mi hijo, a mis sobrinas, a mi nuera… Y me ha costado muchísimo olvidar esos momentos. Tuve que dejar a mis padres, a mi hermano… Mi madre murió hace ocho meses y mi papá hace tres meses. Es una situación muy fuerte para mí”.

 

Los medios de comunicación que han podido hacer seguimiento al caso dan cuenta de todo lo narrado por Sorbay en torno a las circunstancias traumáticas que la llevaron a su migración forzada. Hablar de esos momentos es revivir la persecución, las amenazas, los abusos sufridos, el saqueo de sus viviendas, el robo de todos sus bienes, la sensación de estar al borde la muerte. La abogada de 52 años de edad ha tratado de construir una vida lo más normal posible para ella y para sus hijos, tomando en cuenta lo que significa empezar de cero desde el exilio. “Ha sido difícil, pero no imposible”. Ambos jóvenes cuentan ya con títulos profesionales y ella se dedica a gerenciar una asociación que apoya a la diáspora venezolana. Aún así, lamenta no contar con recursos suficientes para costear la ayuda terapéutica que necesita. “Como familia todavía tenemos demasiadas secuelas y a eso tienes que agregarle que Oswaldo está allá, secuestrado en esas mazmorras y con tanto maltrato encima. Él ha sido uno de los presos con los que más se han ensañado”.

 

 

El precio de un ideal

Aunque Oswaldo García Palomo tuvo la oportunidad de salvar su vida en el extranjero junto a su familia, desde la lealtad y compromiso profundo con su país decidió regresar a Venezuela. Tal decisión fue lo que provocó su violenta captura en el estado Barinas a principios de 2019, cuando una comisión de la DGCIM disparó contra el militar retirado y un grupo de compañeros. En el ataque, una bala le rozó la sien y fue sometido a cruentas torturas durante seis días. Las alertas en redes sociales parecieron tener efecto en dar fin a la desaparición forzada de coronel, pero la persecución al resto de sus parientes y allegados más cercanos hizo que todos tuviesen que abandonar el país. Durante sus años de presidio sus abogados de confianza fueron intimidados reiteradas veces, y Sorbay destaca que si alguien se acercaba, aunque fuese sólo para llevarle alimentos, a su esposo corría con las consecuencias de ser reseñado y su teléfono interceptado por los cuerpos de seguridad del Estado.

 

Desde el exilio, Sorbay también ha tenido que aprender la mejor forma de acompañar y apoyarlo en sus convicciones. “Oswaldo siempre ha sido un hombre que ha expresado lo que siente, que ha dicho que le duele su país. Es un hombre que ama su país, y la prueba está en que cuando tuvo el chance de quedarse donde quisiera (…) no quiso hacerlo, por el simple hecho de pensar lo que podríamos perder. Lo único que teníamos era su país, y eso es algo que hasta ahora entiendo, porque en su momento no lo comprendía. Es muy particular porque puedo querer a Venezuela, pero no la querría tanto como para sacrificarme y morir por ella. Yo no lo haría, pero hay personas que piensan diferente, y se les respeta”, declaró a principios de 2024 en una entrevista concedida a El Nacional.

 

 

Una conexión natural

Además de haber pasado por varios lapsos de desaparición forzada, Oswaldo García Palomo ha estado en cuatro centros de reclusión distintos sobre los cuales su familia ha denunciado las violaciones a sus garantías y los maltratos recibidos en todos ellos. Desde septiembre de 2023 el coronel no recibe visitas a consecuencia de una resolución emitida por las autoridades nacionales que establece que los presos políticos sólo pueden recibir a familiares directos. Además que su esposa y sus hijos no están en Venezuela, sus padres fallecieron. Las llamadas quedaron reducidas a 10 minutos dos veces por semana. La vida de Sorbay y Oswaldo se redujo a 80 minutos al mes.

 

Los contactos telefónicos siempre han sido monitoreados, las cartas interceptadas y leídas previamente, los recados por parte de algún emisario que lograra llevarle noticias a Sorbay sobre su esposo, también. La comunicación entre la pareja García Padilla ha sido limitada, controlada y sometida a períodos de aislamiento como el que atraviesan actualmente. Sin embargo, Sorbay le sigue escribiendo a Oswaldo y trata de enviarle mensajes a través de otros familiares que logren llegar hasta la sede del Sebin El Helicoide con la esperanza de que sus palabras le lleguen de alguna manera. “Siempre nos hemos mantenido ahí con esperanza, con amor y, bueno, tratamos de hacerlo lo más agradable posible en la medida que se puede”.

 

Otro componente fundamental en el que Sorbay se sostiene para resistir la factura de la distancia y las emociones fragmentadas es el carácter de su esposo. “Él siempre me va a ocultar cosas para que no me preocupe porque él es así, de ánimo inquebrantable, pero igual yo me entero de todo. Él es un hombre firme que ha pasado por muchas pruebas y lo que se le presente lo va a sobrellevar por su fe y por el amor a la familia. Creo que eso es lo que lo ayuda a mantener el optimismo, la voluntad y el mejor espíritu”.

 

Un credo que pueda servir como ancla para la esperanza es el contrapeso que Sorbay y su esposo aplican especialmente en los momentos de mayor presión y tormento. Como abogada y de formas más concretas, Sorbay busca mantenerse activa en redes y medios de comunicación y se ha dirigido a todos los organismos internacionales de alto nivel posibles con la aspiración de que el caso de su esposo no caiga en el olvido y toda la familia García Padilla reciba justicia, verdad y reparación.

 

 

La Operación Constitución involucra a capitanes, coroneles y generales de la Fuerza Armada, quienes presuntamente conspiraron para suspender las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 a través de la detención y enjuciamiento de Nicolás Maduro. En la audiencia del 20 de septiembre de 2023, en la que se dictaminaron las penas de los condenados, entre civiles y militares, que van de los 16 a los 30 años de cárcel, se prescindió de 31 testigos y se incorporaron más de 50 documentales. En el caso de su esposo, Sorbay junto a sus abogados de confianza introdujeron una apelación y actualmente se encuentran a la espera de una respuesta.

 

Al presente, Sorbay tiene más de tres meses sin escuchar la voz de Oswaldo ni saber cómo está en medio de su reclusión, pues forma parte del grupo de los 29 presos políticos que fueron trasladados al internado judicial El Rodeo I de manera arbitraria y sin notificación a sus familiares. “El último contacto que tuve con él fue el 18 de febrero del presente año, cuando me hizo una llamada, fue la última que recibí de él…”.

 

Cada vez que su esposo recibe castigos y hostigamientos adicionales, Sorbay siente miedo de perderlo. Más allá de ser un militar de carrera, el coronel también es un ser humano que en los últimos meses ha admitido ante su esposa que el temor por su vida ha rondado sus pensamientos. “Sin embargo, nosotros siempre hemos creído en esa conexión natural que tenemos entre los dos, así que le mando muchas oraciones, muchas bendiciones, yo sé que siempre le van a llegar”. Sueña con el día en que pueda ir a buscarlo en cualquier zona neutral y llevarlo de vuelta con sus hijos para retomar el hogar que perdieron y la libertad que dejaron de respirar.

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Sobrevivir a la injusticia
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